Sinopsis de este capítulo
Con la palabra jefe queremos designar a una persona
responsable de un grupo con el que trabaja más
o menos estrechamente. Ya puede ser el director y
sus ayudantes, el general y sus lugartenientes, el
cabecilla y la cuadrilla de ladrones, el sargento
y los agentes de policía, etc.
Enseñamos en este capítulo a gestionar
los sentimientos del grupo y a utilizar el esquema
de tres filtros de la comunicación (cognitivo,
afectivo y biográfico). Estudiamos también
los errores habituales en la comunicación con
los subordinados. Analizamos las obligaciones comunicativas
del jefe, y en ellas tratamos, en particular, el tema
de los gestos del mando y la comunicación de
denuncia.
Indice
del Capítulo
Documentación añadida
Documentos básicos para la lectura
del capítulo
En Comunicación Persuasiva para directivos,
directores y dirigentes hemos dado a conocer
muchas técnicas de incidencia por parte del
jefe en el grupo. Sin embargo, hemos dado por sentado
que los conocimientos básicos sobre el liderazgo
de pequeños grupos eran conocidos por el lector.
El lector puede encontrarlos en cualquier manual clásico
de liderazgo pero, a modo de recordatorio, citaremos
dos temas importantes:
a) La reprimenda privada
b) Los líderes informales
[mas...]
Comunicación del jefe y terapia de
grupo
En este capítulo hemos destacado el rol comunicador
de todo responsable de plantilla, basado en su importancia
de liderazgo y como referente organizacional. Resulta
curioso observar frecuentemente una dicotomía
polarizada entre los directores de pequeñas
y medianas empresas:
- Por una parte, encontramos jefes distantes, absolutistas
y absolutamente alejados de una gestión mínimamente
inteligente de los grupos.
- Por otra parte, encontramos jefes que necesitan
de la aceptación del grupo, hasta el punto
que en cierto modo se disuelven en él (y luego
vienen los malentendidos).
Para fijar una directriz importante, en este capítulo
hemos hablado de la comunicación del jefe
como concepto opuesto a la terapia de grupo.
Es curioso como entre los grandes líderes encontramos
personas aparentemente distendidas pero que en pequeño
grupo son duras y también al revés.
Por lo que se refiere a su círculo de colaboradores,
sirva esta cita de ejemplo:
“Hitler era más cercano, se acordaba
de los cumpleaños o les visitaba si estaban
enfermos. Churchill, en cambio, se mostraba duro.
Su mujer, en una carta, le dijo que no había
nadie en Downing Street (la residencia del Primer
Ministro británico) que le apreciara”
(Andrew Roberts, entrevistado en El País, 14/5/2003)