Sobre la justicia
Recordaremos un cuento indio que no se debe perder de vista. Narra
que un león famélico estaba enjaulado. Acertó
a pasar por ahí un viajero y el león le pidió
que le abriera la puerta porque, si no, moriría de hambre.
El viajero así lo hizo pero, una vez fuera, el león
le dijo que debía comérselo, ya que no tenía
fuerza suficiente para cazar a cualquier otro animal. El hombre
replicó que, gracias a su intervención, ahora la bestia
estaba libre y que, por tanto, no tenía derecho a devorarlo;
sin embargo el león se asía al derecho biológico,
que establece que los depredadores cazan las presas que están
a su alcance. Y en éstas andaron discutiendo varias horas,
hasta que por fortuna pasó por el mismo lugar un hombre sabio.
Ambos le contaron su versión de los hechos y sus argumentos,
y parecía que ambos tenían razón. Entonces
el sabio dijo: "Veamos si lo he entendido bien... ¿Dónde
estabas tú cuando empezó todo este lío?".
El león se metió en la jaula y respondió: "yo
estaba aquí". A lo que el sabió respondió
cerrando la puerta de nuevo y diciéndole: "Pues aquí
te quedas".
Y decía que este cuento no debe perderse de vista porque
cuando uno estudia Derecho Romano se encuentra con la curiosa casuística
de Craso, Julio, Pompeyo y la oveja. Se trata de que Craso roba
el animal a Julio y lo vende a Pompeyo. Cuando éstos dos
se encuentran se descubre el pastel y ya tenemos un caso paradigmático:
¿de quién es la oveja? Nuestro sistema de derechos,
sorprendentemente, permite a Pompeyo retener la bestia, ya que compró
de buena fe (harina de otro costal son los antecedentes penales
de Craso y la indemnización de éste para Julio).
Sin embargo, esta resolución choca frontalmente con la
mentalidad oriental. Si el hombre sabio tuviera que pronunciarse,
preguntaría: "¿Dónde estaba la oveja antes
de que se armara todo este lío?". Inevitablemente, la
oveja volvería a su primer dueño. La justica oriental
es profunda, busca restablecer el orden universal previo al conflicto;
la justicia occidental es pragmática, consiste en un conjunto
de reglas para que sea posible convivir y comerciar.
Se pueden dar ejemplos alternativos que convencerían al
lector que el sistema occidental es positivo para la sociedad. Sin
embargo, aunque en derecho seamos occidentales, no está de
más ser orientales en los actos, las formas y los hechos.
Es decir, no está de más intentar reparar el daño
que causan las injusticias y ser proactivo en la evitación
de las mismas. Este papel, que ahora juegan algunas ONGs, debería
ser el emblema de nuestras universidades.
Pero la realidad es muy dura y, ante la invasión de dirigentes
académicos tecnócratas y superficiales, que minimizan
los argumentos en contra de sus tesis, manipulan la información
o menosprecian a la ligera los dramas humanos que se producen en
las universidades, uno no puede menos que recordar la crueldad del
emperador de Gladiator y exclamar: "¡Dios mío,
cuánto romano suelto!"
Guillem Bou
Para correspondencia con el autor: guillembou@yahoo.com
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