Hipocresía interdisciplinar
Antiguamente sólo había una disciplina: la Filosofía.
Para explicar la realidad, o bien eras poeta (como Homero) o bien
filósofo. Ahora bien, enseguida se dieron cuenta los griegos
que había que diversificar un poco para poder avanzar. De
este modo, surgieron la Física y las Matemáticas,
entre otras pocas primiciencias, que tienen el privilegio de decir
que son casi tan antiguas como la Filosofía.
En la modernidad, con Comte y su Sociología a la cabeza,
es decir, con el acto de fe de sostener que la conducta humana es
observable con parámetros propios de las ciencias naturales,
vino la explosión de disciplinas. La Psicología Experimental,
por ejemplo, se desmarcaba de la Filosofía y más tarde
le seguía la Pedagogía Experimental. En fin, que en
la actualidad gozamos de la amalgama de licenciaturas que pueblan
nuestros campus universitarios.
Sin embargo, supongo que influidos por el Círculo de Roma
y su enfoque sistémico (¡menudo biólogo ese
Bertanlaffy, obsesionado en que todo lo que existe era en el fondo
lo mismo: un sistema!), se puso de moda en los noventa hablar de
interdisciplinariedad. De repente, la realidad era interdisciplinar
y, por tanto, debíamos acercarnos a ella desde diferentes
perspectivas. Esto quiere decir que las autoridades comunitarias
subvencionaban proyectos interdisciplinares y las académicas...
pues eso, que también los promovían.
Sin embargo, algunas veces, se da el caso de un investigador que
loa la interdisciplinariedad externamente mientras internamente
piensa que lo más importante del mundo es su disciplina.
La turbación puede llegar a extremos insospechados, como
pensar que, dentro de la disciplina, es su asignatura la más
importante y, dentro de ella, son sus apuntes los más importantes.
Se conocen estudios famosísimos en la Universidad Jacobina
de Balaclava sobre investigadores que han llegado a aplicar sus
apuntes para resolver no sólo su vida académica, sino
también sentimental y social. Si obraran así pero
estuvieran callados no habría contradicción; mas,
como todos ellos suelen figurar en algún proyecto interdisciplinar
subvencionado por el estado, tenemos el fenómeno de la hipocresía
interdisciplinar.
Este egocentrismo académico no tiene límite. Porque
hay profesores tarados que, dentro de su disciplina, dentro de su
asignatura y dentro de sus apuntes, consideran que la única
lectura válida de la doctrina es la que hace un ayudante
concreto: el suyo. En consecuencia, no quieren oír hablar
de que una futura plaza en su universidad la pudiera ocupar otro
que no sea éste a quién han designado.
No es fácil reconocer a estos hipócritas interdisciplinares.
Sobretodo a los patológicos. Últimamente se mezclan
con la gente que está en contra de la LOU. Pero se delatan,
porque son de los que no la atacan por principios... sino por intereses.
Guillem Bou Bauzá
Doctor en Ciencias de la Educación
guillembou@yahoo.com
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