La caja mágica
Ahora que entra la primavera, es menester de este cronista relatar
a jóvenes y adultos de la academia los últimos y sorprendentes
hallazgos de la ciencia médica.
Los herederos de hipócrates han descubierto, por fin, la
estructura profunda del cerebro humano. En su interior, en lo que
podríamos llamar núcleo o zona central, se encuentra
una pequeña caja de madera, que debe permanecer siempre horizontal,
equilibrada e inmóvil. Toda la masa encefálica y el
córtex, a los que hasta hace bien poco los neurólogos
atribuían funciones cognitivas y motores, en realidad se
ha sabido que no sirven para nada, quitado del hecho de servir de
amortiguador natural, una especie de esponja, para que la cajita
esté protegida.
Pero, incluso de esta manera, con tantas precauciones que ha tomado
la madre naturaleza, existe siempre una persona particularmente
peligrosa. Y diría que peligrosa en extremo. Porque tiene
el poder de plantarse ante nosotros, agarrar la caja con ambas manos
y agitarla a su gusto como si se tratara de unas alegres maracas.
Ello, no está de más recordarlo, provoca unas cosquillas
terribles, nos llena la cabeza de pájaros y nos hace perder
el control por completo, a veces para siempre.
Por tanto, ahora que ya es primavera, se trata de ir con mucho
cuidado con esta persona, porque detrás de cada esquina,
en el trabajo o en nuestra misma casa con la excusa de un café,
escondida con un disfraz de cotidianeidad inofensiva, surgirá
de repente para tomarnos por sorpresa. Entonces, nos agitará
y agitará el cerebro sin que podamos hacer nada para defendernos.
Ya será tarde. Estaremos perdidos. Caeremos rendidos ante
las cosquillas y la mirada de esta persona. Todas nuestras amistades
se reirán de nosotros durante una larga temporada. Porque
sabrán que, indudablemente, algún duende está
moviendo nuestra caja.
Guillem Bou Bauzá
Guillembou@yahoo.es
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