La guerra en Colombia no es porque
haya pobreza,
sino porque hay riqueza
claves para entender el conflicto en Colombia y América
Latina
Carlos Obando entrevista a Héctor Mondragón
El recién elegido y posesionado presidente de La Republica
de Colombia, país suramericano, Alvaro Uribe Vélez,
llegó a este cargo después de ganar las elecciones
con un 53% de la votación en segunda vuelta. Los análisis
de porqué un candidato de derecha gana estas elecciones en
un país que históricamente ha votado por el centro,
políticamente hablando, parece ser que tiene que ver con
su principal propuesta planteada en su programa de gobierno y utilizada
como caballito de batalla en su camino a la presidencia del país:
combatir a la guerrilla militarmente.
La diferencia con el anterior gobierno que planteó una negociación
política al conflicto armado, pero que a la postre dejó
más desencanto que logros parece ser también el cambio
de actitud de una mayoría de la población colombiana.
Uribe Vélez ha venido articulando una política para
la guerra contra la guerrilla que sorprende cada vez más
a los colombianos. Lo primero que hizo una vez presidente, fue crear
un nuevo impuesto que recaudará dos billones de pesos para
operaciones militares, conformar un ejercito de un millón
de informantes civiles que ayudarán a cuidar las carreteras,
asediadas desde hace unos años por las guerrillas, y finalmente
en las últimas semanas su iniciativa más polémica
que todas las anteriores tiene que ver con armar a miles de campesinos
en la ancha geografía colombiana.
Para muchos ésta decisión es el primer paso hacia
una sangrienta guerra civil,
pues estos campesinos, jóvenes en su mayoría, vivirán
en sus casas y continuarán con sus actividades de estudio
o trabajo, pero tendrán entrenamiento militar, aunque menos
especializado que el del resto de la tropa. Cuidarán puentes
o infraestructura de su zona y adelantarán labores de inteligencia.
La guerra de Uribe contra la guerrilla tiene dos focos de atención:
uno es la lucha contra el narcotráfico y el otro es el control
del territorio. El gobierno apunta a recuperar para el Estado el
territorio perdido en los últimos años por el crecimiento
acelerado de las guerrillas colombianas y el recrudecimiento de
las acciones militares que han desplazado cerca de dos millones
de campesinos de sus tierras.
El futuro de esta guerra está definido y cada vez la estrategia
es más consecuente. El país salió de su etapa
de negociación y salida política de la guerra y eligió
a un presidente que cree que la apuesta militar es la vía
más clara y rápida para dirimir el conflicto colombiano.
La pregunta hoy en Colombia y en Latinoamérica, puesto que
esto afecta al resto de países del continente, es si esta
nueva táctica conducirá a la solución definitiva
de este conflicto o peor aún hacia su agudización.
Para hablar de este tema que tiene a Colombia en un momento histórico
y que es un país estratégico para los intereses directos
de los Estados Unidos en el continente, entrevistamos a Héctor
Mondragón en su paso por Barcelona, después de haber
asistido al foro antiglobalización en Florencia como expositor
por Latinoamérica. Mondragón es colombiano y un agudo
analista del conflicto social y armado colombiano. Economista y
experto en comunidades campesinas e indígenas, ha trabajado
como asesor del Consejo Nacional Indígena y del Consejo Nacional
Campesino de Colombia. Su lucha civil y permanente por el reconocimiento
de las conquistas de los campesinos e indígenas colombianos
en toda su historia, lo tiene amenazado de muerte y lo ha obligado
a refugiarse en años anteriores fuera del país.
Pregunta:
¿Se ha planteado que en Colombia el conflicto armado tiene
su origen en la enorme desigualdad que existe en la distribución
y posesión de la tierra. Qué tiene de cierto esta
tesis?
Héctor Mondragón:
La tierra es históricamente la base de subsistencia y permanencia
de las comunidades. No es simplemente un componente productivo,
sino también, el elemento del cual deviene la vida de las
comunidades. El conflicto armado está generando desarraigo
y desplazamiento en las comunidades rurales, porque la dinámica
de la guerra los está obligando por miedo o terrorismo a
dejar sus comunidades y venirse a la ciudades. También obedece
este fenómeno a que no sólo en Colombia, sino también,
en todo el continente hay una serie de megaproyectos con intereses
de los norteamericanos y de trasnacionales europeas que quieren
obligar a las comunidades a salir de sus territorios tasando sus
tierras en un valor comercial. Se desconoce las garantías
conquistadas por las comunidades en sus territorios, sobre todo
indígenas, que por siglos han resistido el embate de colonizadores
venidos de diferentes lugares e intereses.
Las personas que concentran la propiedad de la tierra en Colombia
son apenas cinco mil y para ellos no interesa la tierra como factor
productivo sino únicamente como dinero. Suben de precio por
su ubicación cercana a estos megaproyectos y no se expropia
para cultivarla, sino para acelerar un proceso de destrucción
de la agricultura y luego especular con ellas y venderlas a estos
megaproyectos petroleros, como el caso de Repsol o de carreteras
intercontinentales o canales fluviales o marítimos. En conclusión
la guerra en Colombia no es porque haya pobreza, sino porque hay
riqueza y todo lo que esté cerca de estos intereses, generalmente
de transnacionales, es convertido en objetivo de guerra.
PR:
Cuál es el objetivo de la guerra en la Colombia de hoy?
HM: El objetivo de la guerra
es desplazar a la gente, sacarlos de su territorio y se lo propone
específicamente con diferentes pretextos. Hoy el pretexto
es el narcotráfico, la guerra contrainsurgente, la lucha
contra el terrorismo, y no es que estas cosas no existan, existen,
pero se utilizan como pretextos para sacar a la población
civil de las áreas que las quieren desplazar. En la visión
economicista del neoliberalismo hay una rentabilidad, no desde la
sociedad, sino desde el punto de vista de los inversionistas. Lo
que no es rentable a la inversión trasnacional se considera
población inviable y por tanto se utiliza la estrategia del
desplazamiento. El mapa del conflicto armado en Colombia, esto ya
se ha demostrado, coincide con el mapa de los territorios en los
que hay grandes proyectos de inversión.
PR: A
que juegan los actores armados en este conflicto?
HM: Yo creo que los actores
armados que son la guerrilla y el poder tradicional con sus diferentes
formas de acción, una de ellas es el paramilitarismo, conectado
a los grandes terratenientes y emporios económicos tiene
la misión de “romperle el espinazo al sindicalismo”,
una frase utilizada hace un par de años por el FMI (Fondo
Monetario Internacional), para referirse al problema colombiano.
Basta ver los 183 sindicalistas asesinados el año pasado
en Colombia, es una cifra que demuestra que se le está rompiendo
el espinazo a los trabajadores en Colombia y se le está rompiendo
a balazos. Esos paramilitares que han asesinado estos sindicalistas
son funcionales a ese interés del FMI y eso lo podemos ver
en sectores que se han resistido a la privatización como
es el caso de las hidroeléctricas, o del petróleo
en el que los trabajadores no han permitido que se privatice y por
eso ponen todos los días muertos y son asesinados cada día
dirigentes petroleros. El caso de la salud y de los maestros es
igual, una violencia que funciona en beneficio de la privatización
de los grandes recursos y proyectos. En cuanto a la guerrilla, hay
que decir que surge como una propuesta espontánea de los
campesinos del 50, con dos ideas: la primera conservar la vida de
las masacres de liberales y conservadores y la segunda vengarse.
Hoy la guerrilla recluta a jóvenes y mayores, los primeros
porque ven en la guerrilla la posibilidad de vengarse de las masacres
de los paramilitares y del mismo Estado y los segundos porque no
quieren irse a la ciudad a pedir limosna que es el único
camino que tienen. Esto ha ido creciendo la guerrilla considerablemente.
PR:
Otro factor adicional del conflicto es el narcotráfico. Cómo
analiza esto en la guerra?
HM: Yo no creo que sea
un factor adicional, creo, mas bien, que es un factor propio de
este conflicto. Los colonos empezaron a cultivar un producto que
se ha convertido en el producto central de la agricultura nacional,
cosa que ya había pasado con otros como el café en
otra época. Aquí se repite la historia; el campesinado
se va a la zona de colonización y encuentra que hay un producto
cultivable y rentable a diferencia del café que dejó
de serlo hace tiempos por intereses de multinacionales. La mafia
en Colombia no cultivaba, los cultivos grandes de gente que al mismo
tiempo comercia la cocaína son recientes y son una estrategia
de los paramilitares para financiarse. El campesino que cultivaba
la coca no es el que se lucra de la cadena comercial. Los cálculos
económicos del negocio dicen que por cada dólar que
recibe el campesino propietario de la tierra y el campesino raspachin
que es quien recoge la hoja de coca, la mula (quien lo lleva a Estados
Unidos) recibe 2 dólares y la mafia local que controla el
negocio recibe 17 dólares, pero la mafia de Estados Unidos
que lo distribuye en las calles recibe 40 dólares. La guerrilla
recibe un apoyo de los colonos y les cobra a los narcotraficantes
lo que ellos llaman vacuna, allí donde tienen control territorial,
y entonces aparece una lucha por dominar estos territorios del circuito
del narcotráfico donde los paramilitares y la fuerzas del
Estado participan de forma directa. Hay una disputa a muerte por
estos territorios y el flujo de dinero que se genera. Estados Unidos
tiene interés en el negocio no porque su política
que enuncia sea la de proteger a sus ciudadanos del consumo de drogas
y por la que tiene una lucha radical contra la droga, sino porque
es un elemento del poder económico y le interesa coger toda
la cadena productiva para revertirlo en el conflicto. En la practica
de la guerra, Estados Unidos no está en contra del tráfico
de drogas, sino del control que la guerrilla puede tener sobre el
negocio que lo utiliza como forma de financiación de la guerra
PR:
Cómo afecta este conflicto colombiano a toda América
Latina?
HM: Estados Unidos está
tratando de imponer el ALCA, que es un tratado unilateral y de libre
comercio entre ese país y Latinoamérica. Si se impone
este tratado golpearía a toda la industria agrícola
del continente y significaría una liquidación total
de ésta, y sólo quedarían algunos productos
que no se producen en América del Norte y que les interesa
que se siembre como es el caso de la palma africana. Incentivarían
cultivos del trópico con bajísimos aranceles que comercializarían
sus trasnacionales y el resto de los productos quedarían
liquidados. El gobierno colombiano es completamente abierto a Estados
Unidos y expresa la decisión de acogerse a los planes de
comercio desigual de las trasnacionales y de Estados Unidos. Brasil
y Venezuela son los únicos países que no le juegan
al ALCA tal y como lo expone los americanos y ya empiezan a sentirse
movimientos sociales y campesinos fuertes en otros países
manifestándose en contra de este tratado como Ecuador, por
ejemplo. Con el triunfo del candidato Lula en las últimas
elecciones en Brasil empiezan a gestarse con Venezuela relaciones
que preocupan a Estados Unidos, por eso la campaña de descrédito
mediático con el presidente Hugo Chávez es tan fuerte
hoy, porque él ha sido un abanderado en América Latina
de renegociar los tratados comerciales con los americanos. El peligro
que hoy existe es que si estas alianzas son exitosas se pararía
el ALCA y el conflicto armado colombiano sería, entonces,
el pretexto para una intervención militar en Suramérica
para imponer el ALCA por la vía militar y del chantaje como
ya está ocurriendo con Colombia a quien senadores americanos
amenazan con recortar el presupuesto y de bloquear económicamente
al país si atiende las alianzas que hoy gestan Brasil y Venezuela.
En resumen, sí el neoliberalismo llegó a América
Latina en las botas de Pinochet, el ALCA quiere llegar en los helicópteros
del plan Colombia.
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